Desde 1976, la playa de Bastiagueiro ha sido el escenario de encuentros futbolísticos dominicales organizados por la peña Os Mozos. Estos partidos informales, que comienzan a las diez de la mañana, han evolucionado con el tiempo, pero mantienen su esencia como punto de desconexión y camaradería. Paco Miguélez, uno de los fundadores, comparte anécdotas de sus inicios, donde marcaban las líneas en la arena y competían por el mejor terreno de juego.
A lo largo de los años, la participación ha cambiado, especialmente tras la pandemia. Omar, un jugador actual, destaca que estos encuentros son su forma de terapia: "Para mí, la pachanga de Bastiagueiro es como ir al psicólogo". Los integrantes, que oscilan desde jóvenes a personas de 60 años, disfrutan de partidos sin árbitro en un ambiente amistoso, donde la diversión y el ejercicio son los protagonistas.
Las mejoras en el equipamiento también han sido notables. Anxo Gómez menciona la evolución de las porterías y los balones, haciéndolos más accesibles y cómodos para todos. Así, la pachanga no solo es un deporte, sino una oportunidad para mantener amistades y disfrutar del aire libre de manera gratuita.